Una breve nota para ponerles al tanto de la situación, sobre todo pensando en quienes están siguiendo estos acontecimientos únicamente a través de lo que sale en los medios de comunicación o bien desde fuera del país.
El paro de la Unión Nacional de Educadores (UNE) se inicio el 14 de mayo, lleva ya tres semanas. La Comisión encargada del diálogo con la UNE - formada por los Ministros de Economía y Finanzas, Gobierno, y Educación y Culturas, a menudo presidida directamente por el Presidente de la Republica- ha venido trabajando en varias propuestas, ninguna de las cuales ha sido aceptada hasta la fecha por la UNE (la última: incremento de 10 dólares al salario básico, lo que implica un incremento real de entre 30 y 134 dólares mensuales, dependiendo de la categoría de los maestros y de la zona urbano/rural, y un desembolso por parte del Estado de 22 millones de dólares este año y de cerca de 100 millones en el 2004, según cálculos del Ministerio de Economía). A esto se agregan inversiones en capacitación docente, mejoras e incentivos comprometidos por el Ministerio de Educación a partir de su escuálido presupuesto, y una oferta presidencial de tratamiento preferencial a la educación en la proforma presupuestaria del próximo año (lo que insumiría el 27% del Presupuesto General del Estado, dentro de los parámetros que el gobierno ha acordado con el FMI y en el contexto de una economía dolarizada que ha convertido al Ecuador en uno de los países más pobres y más caros de A.Latina). El paro continúa, y los dirigentes de la UNE anuncian su radicalización con huelga de hambre, toma de carreteras, embajadas, entidades públicas, entre otras medidas. No sabemos qué pueda suceder en los próximos días, aunque el diálogo sigue abierto.
No está demás advertir que estas cuestiones son siempre mucho más complejas de lo que aparecen a simple vista, no sólo para el extranjero sino para los connacionales e incluso para quienes estamos inmersos directamente en el conflicto. No es ni simple ni fácil identificar dónde están los "buenos" y donde están los "malos". La clásica polarización entre gobierno y sindicato tiende a reproducirse, y es difícil escapar a este círculo vicioso, más allá de quién esté de un lado o del otro. Tiende a homogeneizarse como "gobierno" y como "maestros" a conjuntos internamente muy heterogéneos y contradictorios. La política partidista está metida en ambos lados, gobierno y sindicato docente, y en el medio se juegan intereses diversos, complejos, a menudo no confesados ni confesables, que nublan no sólo la posibilidad de la razón y el diálogo sino de la propia comprensión de los hechos.
Hay, por cierto, varios interesados en que yo, como Ministra, me vaya a mi casa. Desde que asumí el Ministerio corren diariamente rumores (dentro del propio Ministerio) anunciado mi inminente renuncia, y hay candidato firme, también desde el inicio, sentado en su silla esperando para sustituirme y, junto conmigo, a una gestión de Pachakutik al frente de este Ministerio. No obstante, hoy por hoy, la renuncia no está ni remotamente entre mis opciones. Por el contrario, nunca he estado tan convencida de la importancia de intentar transformar las estructuras anquilosadas del Estado, de las organizaciones verticalistas, de la mala política, de la débil conciencia y movilización ciudadanas sobre el derecho a aprender y a defender la educación pública, y la importancia de hacerlo desde adentro de esas mismas estructuras. Es fácil ser crítico, e incluso propositivo y alternativo, desde afuera.
Aunque los avances aparecen invisibilizados por la prioridad que se asigna en la cultura nacional al conflicto y a la crítica, en el MEC no hemos parado ni un instante y, muy al contrario, hemos redoblado nuestros esfuerzos por continuar avanzando con pie firme en cambiar algunas de esas prácticas estructuradas que se han afianzado como obstáculos para el desarrollo y el cambio educativo en el Ecuador y en todos nuestros países. Venimos peleando la cuestión presupuestaria y el bajo presupuesto asignado a la educación históricamente y en este año 2003 en particular, que a duras penas alcanza para sobrevivir y sostener, difícilmente para crecer o mejorar la calidad del servicio en los planteles educativos. Estamos avanzando en analizar y lograr transparencia en la asignación y el uso de las partidas docentes. Estamos preparándonos para dar la lucha por una ley de educación (en segundo debate) que nos ayude, como país, a visualizar y posibilitar el salto adelante, antes que a retrotraernos al pasado y reproducir las viejas visiones sectoriales, corporativas, centradas en el maestro y la enseñanza, ignorando a los alumnos, los padres de familia, los derechos ciudadanos de todos, la perspectiva y el desafío del aprendizaje a lo largo de toda la vida y para todos. Estamos lentamente restableciendo la dignidad y profesionalismo de los funcionarios del Ministerio a todo nivel, desarrollando nuevas relaciones y prácticas de información y comunicación hacia adentro y hacia fuera, hacia arriba y hacia abajo, instalando el trabajo en equipo dentro y entre las diversas dependencias, con respeto al saber acumulado y con exigencia para hacer del MEC, genuinamente, ejemplo de una institución que aprende. Estamos revirtiendo la práctica de las audiencias a puerta cerrada con el Ministro o Ministra en su despacho en Quito, e instalando Audiencias Públicas en provincias, a fin de auscultar y resolver problemas in situ, acoger sugerencias y empoderar a las instancias provinciales y locales. Estamos avanzando hacia una renovación y fortalecimiento de la Educación Intercultural Bilingüe, hoy exigida de ponerse a la altura del movimiento indígena y sus conquistas en este país. Estamos promoviendo una política de discriminación positiva hacia las zonas rurales, abandonadas en todo sentido, y planteando la construcción de un Sistema Bidocente de Calidad en sustitución de las escuelas unidocentes (80% de las rurales) que prevalecen hoy. Estamos cambiando las reglas del juego de la cooperación internacional, en un marco de respeto y aprendizaje mutuo, respondiendo a las necesidades, demandas y ritmos del país antes que a los de las propias agencias.
Sabemos ya de sobra, desde la teoría pero sobre todo desde las lecciones dejadas por la práctica, que la transformación de la educación no pasa por “reformas” esporádicas, puntuales, verticales, propuestas desde arriba, sino por una dinámica de cambio constante en la práctica y en los hechos del día a día, con empoderamiento y participación de los actores involucrados en cada caso, a través de múltiples pequeñas acciones que solo pueden resultar de una acción conjunta – y una vigilancia crítica también conjunta - entre Estado y sociedad. Esto toma, por supuesto, mucho más tiempo que lo que permiten los plazos y las lógicas de la política y de cada gobierno concreto, y que lo que permite la vehemencia por “noticias” de los medios de comunicación y por “resultados” de toda la sociedad y de las agencias de cooperación internacional. Requiere además, como contexto, una política económica menos centrada en la estabilidad financiera y más preocupada por el desarrollo humano y el desarrollo productivo tanto a nivel local como nacional.
Hablar de “calidad en educación” pasa a ser una consigna hueca cuando no existe demanda ciudadana activa (sobre todo de los sectores más pobres) por dicha calidad, ni siquiera indicadores para medir lo que verdaderamente importa - más allá de los tradicionales indicadores de acceso, retención, completación, etc. - y cuando la supervivencia se vuelve demanda e imperativo cotidiano para la mayoría de la población y para el propio sistema escolar.
Como sabemos y siempre he sostenido, desarrollar y cambiar la educación solo es posible junto con los maestros, no en contra de ellos. Pero se requiere además la participación y complicidad activa de toda la sociedad, de las comunidades y grupos organizados, de todo el gobierno y de una cooperación nacional e internacional renovada, comprometida con el cambio, con los cambios de fondo y con una visión de largo plazo. Todo esto, en el Ecuador, es materia de construcción, no punto de partida.
El paro del magisterio, bien sabemos, no es un problema coyuntural sino estructural, no solo en el Ecuador sino en toda América Latina (en el Ecuador, los paros de la UNE se remontan a inicios de la década de 1970, son escasos los Ministros que no han enfrentado uno, la mayoría dos y hasta tres. Los días perdidos por los paros en los últimos años, suma un año lectivo completo. En la página web del MEC hemos incluido un breve recuento al respecto, para quienes tenga interés. Continuaremos alimentando esta información).
La coyuntura es compleja y dinámica, llena de impredecibles. Esta será una semana clave, de decisiones importantes y difíciles.
Saludos cordiales para todos.
Rosa Maria Torres
Ministra de Educación y Culturas
ministra@mec.gov.ec
www.mec.gov.ec