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In memoriam Imagen de separación

Homenaje a Simón Romero Lozano

Por la comunidad de firmantes del Pronunciamiento Latinoamericano por una Educación para Todos y miembros de Comunidad E-ducativa.

Abril-Mayo de 2007

Anoche dejó de existir en Santiago de Chile, el EDUCADOR Simón Romero Lozano, gestor fundamental del Proyecto Principal de Educación en América Latina y el Caribe (1980 - 2000), iniciado en su recordada e impecable gestión como Director Regional de la UNESCO con sede en Santiago de Chile.

Simón, luego de su jubilación en la UNESCO, fue elegido y dirigió con dignidad la Secretaría General de la Organización de Estados Iberoamericanos.

Simón Romero, educador colombiano, tuvo una personalidad y sensibilidad plenas de humanidad y humilde sabiduría. Sus amigos y quienes tuvimos el privilegio de conocerle, agradecemos lo que significó en nuestras vidas y lloramos su pérdida.

José Rivero (15 abril 2007)

Simón Romero dignificó desde el aula y en su alto cargo de Unesco, el oficio de ser maestro

En estos días en que se ha iniciado en Chile la discusión sobre el futuro de nuestro sistema educativo, se ha apagado la voz serena y juiciosa de Simón Romero Lozano, filósofo y educador por excelencia.

Durante las largas horas de su agonía, pudimos repasar en silencio aquellos diálogos que enriquecieron nuestro espíritu, teniendo como auditorio único la tertulia de nuestras familias. En la última de éstas citas, Simón nos regaló la esencia de su vida, desde las horas primeras asido a las enseñanzas del que un día murió en la cruz, hasta su encuentro racional con el gran arquitecto del universo. De aquellos manantiales de vida bebió los sorbos nutricios para fortalecer y enseñar a todos los vientos y los valores de tolerancia, respeto, solidaridad activa y justicia, pilares de la convivencia humana.

Simón amplió así el horizonte tantas veces estrecho al cual suelen atar su existencia los seres humanos. Por eso que n entendía cómo asuntos de tan grande trascendencia para los países, y en particular para el nuestro, como es la formación de las generaciones nuevas, se viera siempre opacado y atomizado por cuestiones adjetivas y baladíes.

Frente a nuestros hijos y nietos nos habló –entonces- de los límites de la audacia y la obediencia para alcanzar la realización de las ideas; el poder de la verdad y de la fuerza vitalizadota del espíritu sobre la materia. Recordó así las horas de extrema decisión que le cupo vivir para proteger a quienes habían buscado en las oficinas de la Unesco en Santiago, entonces bajo su responsabilidad, el asilo contra la opresión en las horas aciagas vividas por el advenimiento de la dictadura. No olvidó, sin embargo, las horas difíciles que también vivió en El Salvador, cuando junto a su esposa y a sus mellizas recién nacidas, siendo representante de la Unesco debió huir en su automóvil en medio de la guerra declarada entre ese país y Honduras, el 15 de julio de 1969.

Heredero del llano de la selva de su Colombia amada, podía decir con su paisano Eduardo Carranza: Yo te saludo patria en lo amargo de la raíz y en lo dulce del fruto. Te saludo en la orquídea y en el tigre. En tu aire que ríe por la mañana, como una muchacha que escondiera su cara entre los cabellos. Te saludo en el mediodía inmóvil de pronto, como los ojos de una serpiente. Te saludo en un tarde, que es como una dulce mano violeta sobre nuestra frente. Y en la noche que pone a danzar los sueños en ronda, cogidos de la mano, cuando un jinete invisible por el cielo, levanta una dorada polvareda.

Simón Romero dignificó desde su cargo en Naciones Unidas, el oficio de ser maestro, faena de difícil trabajo y que hay que empaparla de heroísmo para que se ejerza con dignidad y entereza. Oficio al que se propuso insuflarlo de espíritu vivificador porque un trabajo sin espíritu es una labor sin sustancia, sin profundidad y sin trascendencia. Simón sostuvo en cuanto paraninfo y tribuna le fue ofrecido, que el del maestro es un oficio de amor: una tarea de donante y no de ser gratificado; una entrega total sin egoísmo, vanidad ni hipocresía. Pero también lo sintió como oficio de humildad, porque es necesario oxigenar los actos de nuestro camino docente con la modestia de nuestra acción, libres de la soberbia del intelecto y seguro de los cánones de la razón.

Pero también calificó el oficio de maestro como un quehacer de libertad, donde cada cual evalúa su escala de valores para ejercitar denodadamente la búsqueda de la verdad, para dinamizar el encuentro de ideas y de hechos; para hallar, en la profundidad de la conciencia, el más puro sentido de la justicia y de la belleza. Oficio, asimismo habría que agregar, de dignidad del hombre, de oficio de acción, el más alto de todo y al que Simón se entregó en cuerpo y alma desde su desempeño en las aulas de su país como desde la alta investidura que lo trajo a Chile.

Simón de Colombia y Simón de Chile: caminante infatigable por las escuelas de América, te damos el último adiós desde la tierra de Gabriela, educadora como tú, y de Neruda, amante de la lluvia y del viento, del océano y de los eucaliptos fragantes, lo mismo que hacías tú desafiando la brisa aromosa de tu casa frente al mar.

Nos quedamos ahora junto a Brigitte, hijos, nietos y bisnieta. Es la hora de agradecerte el fino regalo de tu amistad fecunda… Amigo querido, baja a la tierra y fecunda con tu herencia este suelo nuestro que en el silencio con que se magnifican las grandes causas, también está hoy de duelo por ti.

Sergio Prenafeta Jenkin (Educador y periodista)

Palabras pronunciadas en el cinerario del Parque del Recuerdo (Chile)

Nos quedamos con sus enseñanzas y su ejemplo

Amigos de Comunidad Educativa, un momento de recuerdo y respetuoso homenaje para Simón Romero Lozano que acaba de fallecer en Santiago de Chile después de una intensa y brillante vida de funcionario internacional y especialista en planeamiento de la educación, campo en que descolló y ayudó a construir en los 50s y 60s.

Don Simón nos deja lecciones importantes como especialista internacional y directivo de agencias especializadas de Organismos Internacionales en el campo de la educación y las relaciones internacionales. Como funcionario internacional fué un ejemplo de independencia de las presiones políticas de gobiernos y bancos, manteniéndose siempre al servicio de las políticas de igualdad que dieron sentido a la UNESCO. Sus contribuciones al pensamiento fundador del Planeamiento de la Educación en nuestro continente, fueron aportes importantes, en su época, para el fortalecimiento de la capacidad del Estado como garante del derecho a la mejor educación para todos.

Quienes tuvimos el privilegio de conocerlo y trabajar con él nos quedamos con sus enseñanzas y su ejemplo. Para las actuales y futuras generaciones de planificadores educativos esperamos y deseamos que sus mejores obras sean difundidas como se merecen.

Luis O. Roggi (Argentina)

Importancia relevante de Simon na consolidação do direito à Educação

Concordo com as observações de Roggi acerca do papel fundamental de Simon no cenário latinoamericano de Educação. Talvez Unesco possa se interessar em fazer algo que registre a importancia relevante de Simon na consolidação do direito à Educação em nosso continente.

Walter Garcia (Brasil)

Mi emocionado homenaje a Simón Romero Lozano

Lamentablemente la semana pasada falleció, en Santiago de Chile, el colega Simón Romero Lozano, actor principalísimo de la educación en AL desde mediados del siglo pasado hasta ahora. Simón, el amigo, el colega, el maestro de muchos de los que trabajamos en educación en América Latina, tuvo una trayectoria ejemplar y aportó significativamente a la importante labor de la UNESCO y de cada nuestros países a lo largo de varias décadas.

Lo recuerdo -y lo recordaré siempre- como uno de mis verdaderos maestros, a pesar de que nunca lo fué formalmente, porque he aprendido mucho en las muy largas conversaciones sobre la educación en la región mantenidas en Buenos Aires, en Santiago de Chile y en otras ciudades de nuestra América latina. Era un verdadero maestro por la inteligencia, la profundidad y la pasión que ponía en todas sus valiosas reflexiones, ideas y proyectos. Ha sido uno de los creadores de la planificación de la educación en AL en la década del 50 en su país, Colombia, y a través de la UNESCO, y quien le dió marcos conceptuales y metodológicos mas completos, en sus trabajos publicados, en la documentación que durante décadas preparó para la UNESCO, en sus clases y conferencias y en sus reflexiones con sus colegas, discípulos y amigos.

Durante muchos años fue Experto Regional de la UNESCO y concluyó su carrera en la Organización dirigiendo durante largo tiempo la Oficina Regional de Educación (OREALC) de Santiago de Chile. Luego de su jubilación de la UNESCO, fue Secretario General de la OEI en Madrid, permitiendo un importante avance conceptual y de proyectos en cuanto al espacio iberoamericano de educación.

La mayor parte de su obra está en los documentos que la UNESCO produjo desde la década del 60 para América Latina y no está publicada con su nombre sino con el de la Organización. Quizás por ello en los ámbitos académicos de Iberoamérica no sea tan conocido como otros colegas. Una forma de rendirle un verdadero homenaje a su memoria sería la de publicar trabajos inéditos -que quizás su familia disponga- y la de extractar de los documentos de la UNESCO sus ideas pricipales. Ojalá sus amigos, colegas, discípulos podamos llevar a cabo esta tarea.

Por ahora, mi emocionado homenaje a Simón Romero Lozano, las expresiones de condolencia a su familia y mi profundo agradecimiento por todo lo que me dió en vida.

Simón seguirá con todos nosotros a través de sus siempre actuales ideas y reflexiones sobre la educación como factor de desarrollo de nuestros pueblos y de verdadera justicia social. En realidad la concepción de Educación para Todos ha estado presente en los trabajos y pensamientos de Simón desde mucho antes de su formulación oficial.

Norberto Fernández Lamarra. Universidad Nacional de Tres de Febrero (Buenos Aires, Argentina). Sociedad Argentina de Estudios Comparados en Educación

Con motivo del sensible fallecimiento de nuestro asociado Simón Romero Lozano

La Dirección de la OREALC, y con el objeto de colocarlo en su página Web, nos solicitó algunas líneas que hablaran de nuestro ex-director. De esta forma se obtuvieron los testimonios que a continuación les presentamos:

Simón Romero Lozano: El hombre, el educador, el amigo

Hablar de Simón Romero Lozano, es hablar no sólo de un gran educador, filosofo, humanista sino que de un gran amigo y mejor ser humano.

Al momento de dejarnos, todos sus atributos han sido puestos una vez más en evidencia, en la boca, pluma y recuerdos de todos quienes lo conocieron o supieron de sus acciones en todos los campos.

Pero desde la Oficina Regional de Educación de la UNESCO (OREALC) de la que fue brillante Director Regional en dos períodos (1970-1975 y 1981-1985), no podemos sino detenernos en lo que fue su aporte a la educación en toda América Latina y el Caribe.

Es hoy, cuando todas las naciones de este continente se encuentran avocadas a entregar nuevas y más audaces políticas educativas, que la voz de Simón Romero Lozano se hace presente. Y como no ha de ser así, cuando este educador, adelantándose a su tiempo, se trasformo en un vigoroso impulsor de que los gobiernos de América Latina y el Caribe enfrentaran con decisión ineludible el desarrollo de sus sistemas educativos a fin de satisfacer el derecho de todo individuo a la educación y hacer de ésta un factor permanente del desarrollo económico y social.

Ya en 1963 y como una aseveración que es vigente hoy más que nunca, Simón Romero Lozano señalaba que el materializar los objetivos de educación y desarrollo social implica un esfuerzo formidable a la vez que -en sus palabras- “un reto a la responsabilidad, al pensamiento y a la capacidad de acción de no sólo los educadores, sino de todos cuantos se preocupan realmente por el progreso espiritual y material de sus pueblos”.

Profundo conocedor de la situación de la región, pero riguroso técnicamente, no temió en advertir que el desarrollo de la educación que los países demandan, no se obtiene de manera fácil ni mucho menos siguiendo métodos tradicionales de administración, sino que por el contrario, esto requiere una acción nueva, continua, deliberada y metódica dirigida a metas explícitamente formuladas y orientadas a programas que establezcan y coordinen anticipadamente los medios y los procesos de la acción.

Instando a que las sociedades nacionales desarrollaran una inventiva creadora frente a los desafíos educativos, advirtió siempre sobre los problemas que se presentan por la conjunción de altos índices de crecimiento poblacional, los déficit educativos acumulados y las urgencias del desarrollo acelerado.

Por ello, siempre reitero que el “problema educativo” era un asunto de todos los actores sociales, ya que en su solución debían participar activamente las fuerzas políticas, el Estado, los cuerpos docentes, la participación y cooperación de los sectores privados, la compresión y soporte de las empresas, la industria, los sindicatos y, en general, de todos los sectores económicos y el indispensable apoyo de la opinión pública.

La confianza de Simón Romero Lozano en este proceso, lo hacia afirmar muy precursoramente que la preocupación por la educación constituye un punto de convergencia de los intereses y preocupaciones del mayor numero de sectores sociales y que si a este se le conduce inteligentemente, puede servir de medio para canalizar la educación en la defensa de los valores esenciales de la sociedad. Para Romero Lozano, en el marco de las consideraciones sobre la calidad y la distribución social de responsabilidades en el quehacer educativo nacional, hoy más que nunca tiene una importancia particular lo relativo a los valores de conducta cívica y ética, individual y colectiva, que la educación ha de contribuir a fomentar. Por ello su convencimiento de que la asociación en el futuro del Estado, la familia, las comunidades y los medios de comunicación está llamada a convertirse en un elemento fundamental, no sólo en lo que respecta a la dimensión valórica de la educación, sino de modo general en lo que se refiere a la eficiencia y calidad.

A todo lo anterior, Simón Romero Lozano agregaba un llamado destinado a no perder la orientación en el camino a una buena y adecuada solución educativa en la región: que para lograr esa educación que nuestras sociedades requieren, no hay que ignorar que la calidad en la educación cuesta y que hay que invertir en ella. Y que, si bien ha llegado a convertirse en un lugar común sin efectos a fuerza de repetirse, los propósitos de mejoramiento de la calidad de la educación difícilmente podrán cumplirse, si no se dan pasos efectivos para asegurar progresivamente -en el mayor grado posible- al personal docente un nivel socio-profesional y de ingresos, acorde con la tarea y la responsabilidad que el Estado y la sociedad les asignan.

Como precursor y fundador de la Planificación Educativa en la región, a Simón Romero Lozano le cupo rol fundamental en la concepción y ejecución de la etapa inicial del Proyecto Principal de Educación que los países de la región adoptaron como propio en aquella recordada reunión ministerial de Quito al inicio de los 80’. Su sapiencia profesional e instinto político fueron decisivos para poner en marcha y concretar la utopía que significaban los ambiciosos objetivos propuestos coincidentes con una década de penurias en las economías nacionales. El liderazgo de la UNESCO en materia educativa fue entonces calificado y reconocido por gobiernos y ministerios o secretarías de educación.

Lo anterior repercutió, cuando ya jubilado de la UNESCO, fuera propuesto y elegido por aclamación (Montevideo) como Secretario General de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) ejerciendo con dignidad sus funciones entre los años 1988 y 1990.

A.T.

Simón, el compañero y amigo

Pero Simón Romero Lozano fue más que un funcionario de organismos internacionales. Fue un gran amigo y un mejor compañero. Estos son algunos recuerdos de quienes compartieron con él responsabilidades de la Oficina Regional de Educación y fuera de ella.

Simón Romero Lozano. Director, amigo y compañero

No es posible hacer la evocación de una persona, si no es a través de las diferentes facetas que perfilan su personalidad, en las múltiples circunstancias de su vida. Esas circunstancias son realmente infinitas y nuestra posibilidad de evocación es absolutamente limitada. Por eso nuestro recuerdo de Simón Romero hoy, cuando se ha ido, deberá ser acotado al espacio de luz que alumbre su actuar en momentos determinados de su vida.

Nuestro Director, el Simón líder prudente y mesurado que, tras su discreción dejaba sentir el peso y la seguridad de quien domina su campo, condujo a la OREALC -en los años aciagos del inicio de la dictadura chilena- como sabio timonel en un mar proceloso. Ese estilo de conducción permitió que la Oficina Regional de la UNESCO fuese, por una parte, ventana abierta al mundo de la educación latinoamericana, a sus ideas y a sus procesos y por otra, crisol de iniciativas de acción para ser vertidas hacia aquel inmenso campo de acción. Simón supo mantener y estimular en su equipo ese intangible principio de “mística unesquiana” que alentaba en aquellos días a los más leales y esclarecidos miembros de nuestra comunidad internacional. Su ejemplo, su palabra, su acción y su sola presencia daban siempre cuenta del sentimiento compartido de pertenecer a una Organización importante para el mundo. De esa OREALC nace, como notable producto de la dirección de Simón, el Proyecto Principal de Educación en América Latina y el Caribe en cuyo documento conceptual logramos, como esfuerzo de los “cualititavistas” del equipo, que se empezara a hablar de la calidad de la educación concepto que, a partir de esos primeros balbuceos, cobró en las décadas posteriores la importancia suficiente como para aparecer actualmente como el más alto anhelo, aún difuso desafortunadamente, de todas las acciones educativas.

Simón, el amigo, fue el jefe que sin perder su calidad de tal, supo crear el clima organizacional en el que la cordialidad marcaba la tesitura de las relaciones profesionales. La amistad, entendida en su mejor sentido, hizo de aquel jefe atento y empático, el apoyo en los momentos difíciles, la consulta sin temor a prejuicios y la seguridad que sólo da la confianza, nacida de la verdadera amistad de quienes tuvimos la suerte de gozar de ella.

Simón, el compañero, estuvo siempre presente, identificado con las acciones de nuestra Asociación de Personal, cuya central en París evolucionaría posteriormente hacia el Sindicato. Pero su proximidad solidaria no sólo se reveló en acciones como estas, sino más aún en algunos eventos que, aunque inhabituales, al generar situaciones verdaderamente complicadas e incluso riesgosas para la Oficina y miembros de su personal, dieron lugar a conductas de estrecha camaradería con los compañeros y de verdadera solidaridad con el pueblo chileno en la persona de los perseguidos del régimen. Me refiero específicamente a la primera vez que algunos jóvenes, huyendo de la persecución policial, buscaron refugio en la OREALC considerando su condición de organismo internacional. Simón, el compañero, acogió la solicitud a pesar de los riesgos que ésta conllevaba, pues la OREALC no gozaba de las condiciones de extraterritorialidad que tienen las embajadas. Esa noche no funcionó el jefe, funcionó el compañero, en el mejor sentido del término. Y su acción inmediata fue construir una primera y estrecha malla solidaria con los compañeros más cercanos, quienes llegamos inmediatamente a la Oficina a una hora totalmente inhabitual. La conversación, por supuesto, fue muy diferente de las acostumbradas reuniones de trabajo. Con la aprobación tácita de los que nos reunimos y sin formalidad alguna, incluso abriendo una botella que apareció, se organizó el espacio para posibilitar el alojamiento, se acordaron normas y se distribuyeron tareas. Esa noche, al despedirnos, estreché vigorosamente la mano del compañero Simón Romero Lozano.

Arturo Matute

Un gran hombre de América

Simón Romero Lozano, un gran hombre de esta América nuestra.

Fue un ejemplo de seriedad de servicio a los demás y especialmente para la UNESCO como organización internacional y para quienes lo conocieron actuar en Latinoamérica.

Amigo de sus colegas y crítico acérrimo de las dictaduras, con su recia personalidad logró, en aquellos tiempos oscuros de autoritarismo y de intolerancia, mantener vivo el debate y la acción en favor del desarrollo de la educación al servicio de los pobres.

Fue un entusiasta impulsor del Proyecto Principal de Educación para América Latina y el Caribe y desplegó un esmerado trabajo personal y colectivo con firmeza política e inclaudicables principios.

Igualmente, contribuyó a relevar el papel de la educación en la vida de nuestros pueblos y puso a la UNESCO y su Oficina Regional de Educación con sede en Chile, en un lugar de alto prestigio, respeto, reconocimiento, y de incentivo para miles de educadores, pedagogos, políticos, especialistas internacionales y organizaciones de cooperación multilaterales y bilaterales que aún recuerdan con añoranza aquella época de la organización.

Bajo su dirección, la UNESCO llevó el brillo de la esperanza educativa a muchos rincones de la América Latina y del Caribe.

Arvelio Gargía

Simón en el recuerdo

Tuve el privilegio de establecer una amistad entrañable con Simón: Cuando lo conocí, era el más joven de los funcionarios de la OREALC UNESCO de entonces y él iniciaba su segunda gestión como Director Regional. Por circunstancias que agradezco a la vida mantuvimos frecuente relación después de su jubilación y paso posterior por la OEI, relación que se mantuvo incluso después de cumplir mi opción por volver a mi patria peruana luego de pasar al retiro el año 2000.

Simón, intelectual brillante y hombre que alcanzó poder y fama internacionales, nunca negó sus orígenes campesinos. La mezcla de rigurosidad en el pensamiento y sabiduría de los humildes fue una constante en él. Batalló como pocos por la dignificación de la escuela pública como principal tesoro de nuestros pueblos. Como líder de esta Oficina Regional unesquiana nunca permitió que la frustración de los indiferentes o de los escépticos –fuimos testigos de la inquebrantable decisión que asumía en las luchas porque la UNESCO y los países cumplan con sus acuerdos respecto al Proyecto Principal de Educación – mellara su voluntad para alcanzar los objetivos trazados. Su compromiso no solo fue con la educación, lo tuvo con la verdad y los derechos humanos, con el derecho a la vida y a un medio ambiente saludable.

Fuerte como el mejor roble colombiano, fue coherente y firme en sus ideas y en su convicción en la educación como medio de justicia social. A Simón Romero Lozano la historia de la educación regional y de la UNESCO le deparará el sitial que merece como educador cuyo discurso nunca se contradijo en la práctica diaria.

Precisamente por lo anterior es que me permito, en homenaje a su memoria, destacar cuatro situaciones de su vida profesional y ciudadana:

Escenario 1: Chile vivía la época de la dictadura y el ostracismo pinochetista. Un núcleo de jóvenes militantes comunistas “tomó” la sede regional de la UNESCO en Santiago. Inmediata reacción de la fuerza represiva de entonces fue rodear el local de la UNESCO, no permitir el ingreso de nadie ni de nada. Era época invernal y los jóvenes corrían riesgos de salud evidentes por falta de alimentos y abrigos. Simón, acompañado de su maravillosa Brigitte cargando mantas, termos y sandwichs para los invasores, tuvo duro altercado con quienes representaban a la DINA, exigiendo la inviolabilidad territorial de la sede y logrando pasar y entregar comida y abrigo a los jóvenes rebeldes.

Escenario 2: Como Director Regional tenía previsto un viaje a París y una entrevista decisiva para su futuro en la organización con A.M’.Bown Director General de la UNESCO. Ello coincidió con el brutal secuestro de docentes chilenos Nattino y Parada. Suspendió todo viaje, se movilizó e hizo gestiones ante autoridades de la dictadura presentando su protesta y demandando un trato humanitario para los familiares de las víctimas. Solo partió a París lleno de congoja una vez que fueran recuperados los cuerpos degollados de esos docentes.

Escenario 3: Fui testigo de excepción, en un ambiente parisino cercano a la sede de la UNESCO, del modo como Simón fue organizando la información correspondiente para proponer el nombre de su sucesor en la OREALC al Director General de entonces. Su rigor hizo que optara por alguien a quien no conocía mucho personalmente, pero cuyos méritos profesionales y calidad intelectual abrigaban la esperanza de una buena gestión. Propuso el nombre de Juan Carlos Tedesco.

Escenario 4: La noticia del asesinato de niños por fuerza represivas en Chechenia lo sumió en profundo dolor y tristeza afectando incluso su salud. No podía asumir que el mundo en el que vivía como jubilado pudiese llegar a no respetar lo que significó su dedicación y respeto personal: el amor y el cuidado de la niñez

Gracias amigo por todo lo que significaste para nosotros y por todo lo que dejaste

José Rivero

Un hombre excepcional

Conocí a Simón por 1972-73 en la Delegación de Chile ante la UNESCO. Era habitual que un Director de una Oficina Regional (en este caso la única para América Latina y el Caribe en Educación) pasase a visitar la representación del país sede de las oficinas de la Organización, en este caso particular, Santiago de Chile.

Me comentó de la situación educativa latinoamericana, con la sencillez profunda del hombre que sabe de su oficio, y de la situación política de la América Latina de ese entonces.

Nos volvimos a encontrar en 1975. Había una misión importante de la UNESCO para ayudar en el sistema educativo panameño. Me devolvió una mano (cuando realmente lo necesitaba) y nos encontramos trabajando codo a codo con él y los especialistas de OREALC de Santiago y de Centroamérica en Panamá.

Pasados algunos años supe de su transferencia de Santiago a París y volvimos a encontrarnos, él como Director de la División de Planificación del Programa (BP) del Sector Educación y yo como miembro de la División de Políticas, Planeamiento y Administración de la Educación. (ED/EPP). Y siempre nuestras conversaciones en torno a América Latina. En una de esas oportunidades, me contó que su primera llegada a Santiago de Chile fue en 1962 como miembro de la Delegación de Colombia a la histórica conferencia sobre "Educación y Desarrollo Económico para América Latina" organizado por la CEPAL, en aquel entonces dirigida por Raúl Prebisch. A los pocos años la CEPAL lo incorporó a su cuerpo de especialistas y luego la UNESCO lo integró como especialista.

Su particular visión de los problemas sociales de América Latina (en los ángulos de un crecimiento sin desarrollo social, educativo y cultural) fue creciendo en él con nuevas perspectivas. Siendo Director de OREALC reflotó un Proyecto de Educación de poco impacto que había nacido en Lima y había ido desapareciendo progresivamente.

En la década de los '70 eso que parecía un sueño educativo dadas las dictaduras de turno, hace crecer en St. Lucia un Proyecto Principal de Educación cuya trascendencia (quizá no su impacto positivo) ha marcado un hito en la historia de la Educación, primero en América Latina y luego expandiéndose al Caribe.

¿Quién era Simón Romero?: un planificador de la educación formado en Alemania

¿Cómo era Simón Romero? Un hombre de una extraordinaria modestia personal e intelectual.

¿Cuál puede haber sido el leit motiv de su vida? Talvez la educación para los más postergados.

¿Qué virtud pude ver en él? Su respeto al otro y dar ayuda cuando pudo. Y pudo mucho.

Miguel Núñez

Simón Romero Lozano

Ante todo, una tardía explicación. El 15 de abril recibí de José Rivero un correo: “Anoche partió nuestro inolvidable amigo Simón”. Y desde entonces, una avalancha de notas, entre ellas una de su hija Sabine. Hasta hoy mantuve silencio, obligado por circunstancias que poco tienen que ver con mis sentimientos.

Desde mayo de 2005 he estado en mi tierra de adopción, Uruguay, colaborando a título voluntario en el área de la educación con las autoridades del nuevo Gobierno. Un trabajo intenso y apasionante que no viene al caso describir aquí. Concluida la etapa que allí denominamos del Debate Educativo, con la entrega del Informe Final al Poder Legislativo, fijé mi retorno a Barcelona para el 21 de abril. Mis últimos días en Montevideo fueron realmente agitados, tanto como los primeros en Barcelona. A los 85 años de edad, esta mudanza no constituyó el mejor ámbito para poder comentar con serenidad y respeto mi relación personal y profesional con Simón. Intentaré hacerlo ahora.

Conocí a Simón en noviembre de 1969, cuando la UNESCO me designó para ocupar un puesto en la OREALC. Dirigía la Oficina la gran educadora argentina Luz Vieira Méndez, y uno de los integrantes del equipo era Simón, como Especialista en Planificación Educativa. Eran los tiempos en que las Naciones Unidas en general y la CEPAL en particular sostenían que el desarrollo era planificable. Soberanamente planificable. Tras su carrera como educador en Colombia y misiones en otros países de la región, Simón se había convertido en uno de los más competentes especialistas en la formación de personal para la elaboración de los planes nacionales de desarrollo educativo en los distintos países latinoamericanos. Su labor fundamental era por entonces la docencia. Recuerdo que con un colega de la CEPAL había elaborado un manual sobre su especialidad, muy difundido en aquellos años. Era, en la Oficina Regional, toda una autoridad gracias a la visión de conjunto y al vuelo que el trabajo planificador daba a su pensamiento. Más novato y con una especialización más restringida (mi área era por entonces la de la educación de adultos), muy pronto establecí con Simón una excelente y para mí provechosa relación profesional, que se enriqueció con un sincero afecto personal, compartido hasta hoy por nuestras respectivas esposas, Brigitte y Matilde.

Al fallecer Luz Vieira Méndez en 1971, la UNESCO designó a Simón Romero Director de la OREALC. Eran aquellos años muy buenos para la cooperación internacional. Algunos gobiernos conferían una auténtica prioridad al sector educación y, carentes de personal calificado como con frecuencia se encontraban, depositaban una gran confianza en la ayuda técnica del Sistema de Naciones Unidas, del que la OREALC era una muy decorosa antena. Simón logró crear en la Oficina un buen equipo de trabajo del cual él, más que el jefe, era el compañero coordinador. Y en lo externo, su agudo olfato político le permitía detectar las coyunturas neurálgicas a los efectos de una acción que, ante todo, debía ser oportuna. Un ejemplo: la misión de seis miembros de la OREALC, que él coordinó durante todo un mes en Perú, cuando el gobierno de Velasco Alvarado lanzó en 1970 su interesante Reforma Educativa. Fue, para mí, una inolvidable instancia de intercambios profesionales con insignes educadores peruanos. Y tras aquella primera misión, la Oficina dirigida por Simón siguió apostando por aquella experiencia.

Los métodos de trabajo de la UNESCO en la región incluían (siguen incluyendo todavía) la realización de reuniones regionales de Ministros de Educación. En varias de ellas participamos juntos, Simón y yo, tanto en la fase preparatoria de los documentos necesarios como en la realización propiamente dicha de las conferencias. La más memorable fue, sin duda, la que tuvo lugar en México en diciembre de 1979, oportunidad en que fue lanzado el Proyecto Principal de Educación. Simón viajó a la sede en París, donde yo ya me encontraba, y juntos procedimos a la revisión final de los documentos. La conferencia tenía la originalidad, con respecto a otras anteriores, de reunir a los Ministros de Educación con los “ministros encargados de la planificación económica”, de modo que se enfatizaba la gravitación de la educación en el desarrollo económico y viceversa. La CEPAL preparó un documento especial para la Conferencia y el elaborado por la OREALC, bajo responsabilidad de Simón, contaba con un primer capítulo titulado “El desarrollo socioeconómico y cultural en América Latina y el Caribe y sus incidencias sobre la educación”, una de cuyas conclusiones decía: “…al reflejar y consolidar en muchos casos las disparidades sociales y económicas, el crecimiento de la educación presenta serios desequilibrios en lo que se refiere tanto a las oportunidades de acceso como a la calidad de la educación ofrecida a los diferentes grupos de edad, sexo, grupos sociales y étnicos, regiones, zonas y localidades”. Me parece una interpretación todavía sostenible, primero porque sitúa la educación en un contexto socioeconómico más amplio, y segundo porque hace de ese contexto un factor fundamental para la orientación y resultados del trabajo docente.

La Conferencia, en la que Simón y su equipo de la OREALC tuvieron destacada participación, aprobó la importante Declaración de México, la cual hizo un llamamiento a la UNESCO “para que tome la iniciativa de proponer un proyecto principal que incluya los elementos fundamentales de esta Declaración”. Tales elementos fundamentales eran los siguientes: “Ofrecer una educación general mínima de 8 a 10 años y proponerse como meta incorporar al sistema a todos los niños en edad escolar antes de 1999, de conformidad con las políticas educativas nacionales; adoptar una política decidida para eliminar el analfabetismo antes del fin del siglo y ampliar los servicios educativos para los adultos; dedicar presupuestos gradualmente mayores a la educación, hasta destinar no menos del 7 u 8 % de su Producto Nacional Bruto a la acción educativa…”. Nació así el Proyecto Principal de Educación en América Latina y el Caribe, sucediéndose una serie de reuniones y conferencias para su establecimiento y periódica evaluación en Quito (1981), Santa Lucía (1982), México, 1984, Bogotá (1987), en todas las cuales Simón fue el elemento de continuidad desde la Dirección de la OREALC, salvo en la última de las mencionadas en la que, ya jubilado, colaboró en calidad de consultor.

Así, y a excepción de un breve período en que estuvo en la sede de París como responsable del proyecto de nuestra organización en materia de educaciónb ambiental, y de otro período posterior a su jubilación en que desempeñó en Madrid la Secretaría General de la Organización de Estados Iberoamericanos, Simón dedicó un conjunto de años – yo creo que los más productivos de su carrera - a la puesta en marcha y ejecución del Proyecto Principal. Varios colegas han señalado, con razón; que ese proyecto constituyó un antecedente regional de lo que, a partir de 1990 (Jomtien) y 2000 (Dakar), sería el programa mundial de Educación para Todos. Con diferencias obvias: en el primero el acento estaba puesto en el esfuerzo de los países, con mecanismos de cooperación horizontal y una función de estímulo y apoyo técnico de la UNESCO. En el segundo, los asociados internacionales son algunos más, entre ellos, en el caso latinoamericano, el BID y el Banco Mundial, con el penoso resultado de que para acercarse a las metas propuestas los gobiernos comprometieron el futuro de los pueblos contrayendo considerables deudas. Y digo “acercarse” a las metas y no “alcanzarlas” porque, a pesar de los esfuerzos de hombres como Simón, sinceros y calificados servidores de la función internacional, y del empeño de miles de técnicos nacionales que creen en las posibilidades de hacer de la educación un factor de desarrollo personal y social, las cifras nos siguen siendo esquivas: no hemos logrado la alfabetización universal, ni la expansión de la educación de jóvenes y adultos, ni el ansiado incremento de la inversión en educación en los presupuestos nacionales, ni siquiera la más realizable escolarización primaria completa.

¿Estamos ante un gran fracaso contemporáneo? Si tal fuera el caso, opino que se trataría de un fracaso colectivo, planetario, de todos nosotros. Hoy preconizamos, con toda razón, la educación para todos. Mientras no la consigamos, el desafío y el eventual fracaso son también para todos. Hombres como Simón cumplieron una función precursora al dar un salto cualitativo fundamental: pasar de las técnicas de la planificación de la educación al reconocimiento de la naturaleza política del hecho educativo y a la constante subordinación de los medios, que tanto deslumbran a los expertos, a la definición lúcida de los fines, únicos que pueden centrar el trabajo del educador en la constante lucha por hacer realidad el derecho de todos a la educación. Quisiera explicar con alguna digresión a qué me estoy refiriendo.

Conversar con Simón constituía un placer y a la vez un trabajo, del que yo siempre resultaba enriquecido. La elaboración de un documento propio de la OREALC o solicitado por París daba lugar a prolongados intercambios de puntos de vista, a veces con participación de todo el equipo y muchas veces en un más íntimo mano a mano. Cuando su oficina ya estaba llena del humo de sus inseparables cigarrillos, me decía: “Vamos, Miguel, al jardín, a poner este tema en claro”. En efecto, la casa de la OREALC contaba (¿cuenta todavía?) con un extenso espacio verde, en el que nuestra conversación proseguía, en un viaje reflexivo cuyo punto de llegada era – cuando el paseo cumplía sus objetivos - la identificación de las ideas fundamentales a redactar y el orden en que ellas debían ser presentadas. Cada uno se ponía al trabajo y el borrador de su parte iba tomando forma. Pasados unos días Simón me citaba de nuevo. “¿Sabes, Miguel? -me decía- le he estado dando vueltas a nuestro documento y ahora lo veo distinto. Lo que pensábamos poner al principio se presta mucho más para ser presentado como una conclusión, al final. Y tal o cual idea rectora con la que nos habíamos encariñado debería ser abandonada, pues los gobiernos la podrían malinterpretar. Debemos descartar lo ya escrito y desarrollar otro concepto, en el que he estado pensando toda la noche, mucho más cargado de futuro. ¿Cómo lo ves?” Y así, interminablemente. Aprendí de Simón a ser modesto, paciente, exigente, a cultivar sistemáticamente la duda, a plantearme la posibilidad opuesta, a no dar ningún trabajo por concluido hasta que estuviéramos seguros de que ya no nos era posible seguirlo perfeccionando. Este magisterio de Simón, este esfuerzo por huir de la pericia fácil y por acercarse al auténtico saber, que aplicaba con mayor severidad a sus exposiciones que a las ajenas, me ha sido de enorme utilidad durante toda mi vida profesional. Simón era el antiexperto, un modelo a retener tanto entonces como hoy.

Quiero dar testimonio de cuán agradable era trabajar con Simón. En el tratamiento individual con el personal profesional, en todo tipo de reuniones, en la cotidianidad burocrática y aun en los momentos de emergencia, cuando el éxito final de una operación mayor largamente preparada dependía del acierto de una decisión o de una palabra, Simón era un timonel afable, concertador de voluntades, negociador dotado de inagotables recursos en búsqueda de una salida a las situaciones más intrincadas. Muchos años lo traté y nunca le vi perder la serenidad. Estoy seguro de que los funcionarios auxiliares de la Oficina le recuerdan así, reconociendo con gratitud esa buena educación tan colombiana en el trato, como nos debe estar ocurriendo a cuantos compartimos con él trabajos y responsabilidades profesionales.

Y no cabe pensar que fuera un ser blando. Ocupaba la Dirección de la OREALC el 11 de setiembre de 1973, el peor día de nuestra estancia en Chile. De común acuerdo con la Representante de las Naciones Unidas en Chile, Margaret J. Anstee, y con el Secretario Ejecutivo de la CEPAL, Enrique Iglesias, autorizó de inmediato a varios profesionales de la Oficina a constituir un grupo de defensa de los refugiados extranjeros en Chile, varios días antes de que llegara a Santiago el Representante del ACNUR y de que la sede de la UNESCO en París hiciera suya tal decisión. Y me dio un gusto inmenso oir de sus propios labios, varios años después, cómo en la Oficina que dirigía, con todas sus extraterritorialidades y privilegios, había acogido, en situación de extrema necesidad, a alguna mujer enferma, perseguida por la implacable dictadura de aquellos primeros meses y a la que se las ingenió para proporcionar asistencia médica. Era un ser humano de alta y rara calidad.

Trabajamos por última vez juntos en noviembre de 1985, en Montevideo. El recientemente estrenado Gobierno Uruguayo había solicitado a la UNESCO el envío de una misión para cooperar con los técnicos nacionales en el tendido de las líneas fundamentales de la futura educación, llamada a reconstruir lo que once años de dictadura habían destruido. La integrábamos Simón Romero, Silvain Lourié, por entonces Director del Instituto Internacional de Planificación de la Educación, y yo mismo, ya jubilado y viviendo en el extranjero, como viejo conocedor del país y de su educación. Trabajamos una semana. Viejos amigos y veteranos de la cooperación internacional, los tres integrantes de la misión analizamos del revés y del derecho la situación, dándonos ánimos en la dificultad. Con escasos frutos, por razones que no viene al caso exponer.

No volví a ver a Simón. Él quedó en Chile, yo regresé a Barcelona. Hacia fin de año, intercambiábamos saludos, de los que la iniciadora era casi siempre Brigitte, extraordinaria mujer. Fue la nuestra durante estos últimos veinte años una amistad callada, sin otro mensaje que el que venía de un pasado en que la historia, por lo menos la latinoamericana, parecía haber seguido durante algunos años una marcha ascendente. Me atrevo a pensar – y confieso ser consciente de lo arriesgado de este pensamiento – que los años recientes no deben haber aportado a Simón, en lo profesional, grandes alegrías. Han habido demasiadas décadas perdidas, demasiadas claudicaciones, insoportables endeudamientos, graves pérdidas de soberanía. Los trabajadores sobre el terreno, aun los más maltratados, viven con frecuencia en su tan difícil tarea cotidiana el goce de percibir un cambio en un niño o un adolescente, un crecimiento individual y hasta, a veces, un avance local colectivo. El hombre de síntesis, el planificador, el político de la educación no cuentan con esos puntos de referencia concretos. Más inclinado a filosofar críticamente que a conformarse con asideros de poco alcance, Simón debe haber vivido con preocupación - es la palabra más suave que se me ocurre – la última evolución de la educación, en su entorno inmediato y mediato. Pero no fue nunca un pesimista, y espero que no lo haya sido en sus últimos años, sino un educador sagaz y penetrante, que nos acaba de dejar a todos la lección de su gran empeño por servir la causa de la educación con el poco frecuente compromiso de interrogar la realidad, interrogándose a sí mismo.

Miguel Soler Roca (Barcelona, España)

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